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VUELTA AL COLE

Empezar de nuevo.
Farsante 1 de enero, no nos engañas. Es ahora, en septiembre, cuando todo vuelve a ponerse en marcha; cuando, a pesar del desinfle causado por unas vacaciones ya terminadas, lo empezamos todo con mucha fuerza, como si partiéramos de 0 otra vez.

Recuerdo ese olor a libros nuevos que impregnaba el salón de mi casa cuando, ¡bum!, los dejábamos sobre la mesa, justo después de comprarlos y prepararlo todo para el inicio de curso.
Es más, tengo en la memoria esa brisa fresca que anunciaba una despedida fugaz del verano y una inminente llegada de un otoño enfundado en un manto de hojas secas. Esos colores que perdían vida, volviéndose ocres, y un armario oscuro que abría sus puertas clamando un cambio de ser.

Aquella brisa venía con olor a novedad, el perfume fino de la vuelta al cole. El comienzo de algo nuevo, igual pero diferente al mismo tiempo, porque significaba reencuentro con las antiguas amistades, tener mochila, estuche y zapatos nuevos y unas aulas repletas de cosas por aprender.

Lo recuerdo con tanta ilusión, que sigue impregnado en mi memoria el rastro de aquella sensación: una pena profunda porque terminaba el calor y el buen tiempo y todo lo que les acompaña pero, a la vez, unas ganas irrefrenables de que empezara el fresquito que anunciaba tantas cosas nuevas y buenas por llegar.
Y, ahora, es un nerviosismo; una especie de inquietud. Es volver a sentir lo mismo que cuando era niña, como si se hubiera quedado pegado a mí y volviera año tras año.

Espero que Clara viva los inicios de curso con tanta ilusión como lo hacía yo. Que la devoren esas ganas de aprender, como me hacían a mí. 
Y, quizás porque yo no lo he visto fomentado en mi sistema educativo, deseo que ella no se conforme con lo que le expliquen. Quiero que sea crítica, que se plantee dudas, que tenga el valor de expresarlas, que pregunte, que indague, que investigue...
Sobretodo, deseo que se divierta aprendiendo, que se ponga sus propios retos y, por encima de todo, que sea niña. Es decir, que disfrute de su infancia y que se divierta. Que se divierta mucho.

Este año empieza en la guardería. Bueno, empezamos en la guardería.
Aún no estamos en esa fase de cuadrar horarios entre el balé, la natación, el inglés y el chino. No, todavía no hemos estrenado ese tipo de calzador. Pero, ya que nos estamos entrenando en esto de los inicios de curso otra vez, vengo reflexionando desde hace unos días y pensando en cómo afrontarlo y cómo desearía que creciera mi hija.

En estas, me vengo a decir a mí misma que no todo es ir a la academia a aprender idiomas, a pintar,  a nadar, a jugar al fútbol o aprender a ser el mejor en dibujo técnico... El aburrimiento también es un gran maestro. Y yo quiero que aprenda cosas, sí; pero no creo que deba imponerle un horario cuadriculado de mil actividades a las que ir, dónde lo tenga todo bien ordenadito.
No, también quiero que tenga tiempo de jugar, de inventar, de pensar qué es lo que le gusta hacer, de estar en el parque con sus amigos y, además, quiero que tenga tiempo de aburrirse... Sí, eso mismo. Ni más ni menos.
Porque, ¿tienen, a día de hoy, los niños tiempo de aburrirse? Ehh.. el rato que no hace "nada" porque está viendo o haciendo algo en la tablet o la televisión ¡no cuenta!

A ver, dejadme que me explique. Lo que quiero es que tenga tiempo de desarrollar su imaginación, de maquinar, de construir por sí misma y sin directrices. Y resulta que el aburrimiento es su pareja de baile perfecta. 
Entonces, lo que me gustaría es que consiga ser una persona creativa, que tenga el tiempo de darle rienda suelta a su imaginación y que nadie le prive de expresarla; que lo lleve a cabo. Espero que en un futuro eso le sirva para cosechar su propio concepto del "éxito", que desarrolle su tipo de inteligencia sin homogeneizarla con el resto de la humanidad y consiga hacer lo que le hace feliz, sin injerencias.

Hace un tiempo, leí una entrevista a Howard Gardner en La Contra. A parte de hablar de los siete tipos de inteligencia, decía que un buen profesional es siempre una buena persona (lo cual, desde la modestia de no ser comparable, tenía totalmente asumido, tras años de ver distintos perfiles). Supongo que es lo que me hizo reflexionar en la importancia de conocerse a uno mismo, conocerla a ella y saber potenciar sus habilidades, así como reivindicar algo tan importante como ser personas para ser buenos profesionales.  Y digo persona, porque para mí no existe "persona" con "mala" delante. Eso son sólo seres humanos.

Entonces, voy a hacer un esfuerzo por quitarme los prejuicios de mi generación y no dejarlos recaer sobre ella. Medimos las cosas a peso, yendo a la caza del gran currículo: tantos cursos, tantas carreras, tantos másteres, tantos posgrados o tantos idiomas... Y, al final, el papel es tan tonto, tan frío y todo ésto dice tan poco de nosotros...

Así que con ésto y un bizcocho, os deseo lo mejor para vuestra vuelta al cole, sea de lo que sea que estemos hablando.
Que empecemos con la misma ilusión de cuando éramos niños, inventando un nuevo curso, porque podemos estar en el mismo sitio y con la misma gente de la "clase" e, incluso, haciendo lo mismo; pero el  reto es ver dónde podemos seguir aprendiendo de lo que hacemos. A mí, que me mueve aprender, me inspira pensar en todas las cosas que voy descubriendo en mí y tengo por potenciar, en todas las cosas que puedo hacer y en como abrir mi creatividad.

Nuestro futuro huele a libros nuevos, que están esperando ser abiertos.
Feliz vuelta al cole,





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